Construido con Berta

  1. A estas altura del siglo XXI poca gente debe existir que no conozca el significado de la expresión “salir del armario”. Desde esta plataforma y con ayuda de todos vosotros me gustaría popularizar una nueva.

    “Salir del Spectrum”. Me gustaría con estas tres palabras, que todos esos individuos-frikis (tecnológicos o no) con un nivel superlativo de comportamiento mamarracho corriendo por sus venas,  dieran un paso hacia delante y reconocieran lo que son.

    En mi caso hace tiempo que salí del spectrum. Reconozco que he visto “Sexo en Nueva York”, estoy enganchado a “True Blood”,  compro discos de “Coldplay”, tengo algún que otro libro sobre “Cómo hacer Sushi”, soy usuario de “Mac”, poseo muñequitos televisivos (Alien, Enjuto Mojamuto, Jigsaw, etc), dispongo de canales de televisión que jamás veré, dispongo de un exprimidor de naranjas de acero que no exprime sino machaca estos cítricos. En resumen, tareas y útiles que no son necesarios pero que hacen un poco más feliz mi existencia.

    Por favor, si aún se encuentran dentro, salgan del spectrum y griten a pleno pulmón:

     

    SOY FRIKI ¡!!

     

    Publicado en Café del Mal | Online Magazine

     

  2. Allí estaba, tumbada en la cama, provocando en mi ser un deseo irrefrenable por devorarla de arriba a abajo. Ella conocía mi punto débil. Su habilidad por seducirme la hacía poseedora de un poder absoluto sobre mí. El calor nos consumía y el sudor mojaba las sábanas a la vez que se mezclaba con los aceites que fluían de su cuerpo.

    Su piel grasienta me excitaba. Mi lengua recorría su cuerpo desde la punta de los pies hasta su hermosanuca.

    En un momento de excitación le mordí uno de sus pechos de queso de tetilla y saboreé el trozo arrancado. Llegado ese punto era imposible parar. Corrí hacia la cocina y puse a su lado en la cama un cuenco con picos y pan. Ella gemía de placer mientras le mordía sus rodillas de queso de cabra. Un olor a queso inundaba la habitación. Su sexo de roquefort manchaba las sábanas, y placenteramente yo recogía su fruto con trozos de pan. Fue entonces cuando no pude evitarlo y tuve que volver a la cocina a por una copa de vino. Ella reía y reía mientras yo disfrutaba devorándola. Incluso me atreví a disfrutar de la planta de sus pies de auténtica corteza de queso curado. Cuando me disponía a girar su cuerpo sonó el despertador...

    Eran las seis de la mañana de un Lunes y lo primero que hice fue dirigirme al frigorífico...

     

    Publicado en Café del Mal | Online Magazine

     


it's time to create
some sections