Construido con Berta

  1. A estas altura del siglo XXI poca gente debe existir que no conozca el significado de la expresión “salir del armario”. Desde esta plataforma y con ayuda de todos vosotros me gustaría popularizar una nueva.

    “Salir del Spectrum”. Me gustaría con estas tres palabras, que todos esos individuos-frikis (tecnológicos o no) con un nivel superlativo de comportamiento mamarracho corriendo por sus venas,  dieran un paso hacia delante y reconocieran lo que son.

    En mi caso hace tiempo que salí del spectrum. Reconozco que he visto “Sexo en Nueva York”, estoy enganchado a “True Blood”,  compro discos de “Coldplay”, tengo algún que otro libro sobre “Cómo hacer Sushi”, soy usuario de “Mac”, poseo muñequitos televisivos (Alien, Enjuto Mojamuto, Jigsaw, etc), dispongo de canales de televisión que jamás veré, dispongo de un exprimidor de naranjas de acero que no exprime sino machaca estos cítricos. En resumen, tareas y útiles que no son necesarios pero que hacen un poco más feliz mi existencia.

    Por favor, si aún se encuentran dentro, salgan del spectrum y griten a pleno pulmón:

     

    SOY FRIKI ¡!!

     

  2. Los guateques de los sesenta transformados en botellonas a partir de los 90 se están convirtiendo en Spotifiestas para todos aquellos que pueden desmadrarse en casa.

    El Deejay o amigo especialmente sensibilizado con la música, sus géneros y momentos idóneos para su reproducción se está viendo relegado por una marabunta de dedos que teclean con ansia el tema que quiere escuchar en cada momento.

    Para quien no sepa lo que es Spotify se trata de un programa totalmente gratuito que nos permite escuchar canciones previa búsqueda por autor, tema o género.

    Esto puede convertirse en una guerra de oídos, zapateos y chirrido de altavoces ya que siempre han existido y existirán los ignorantes del Hi-Fi. Nadie puede pretender que su estilo de música sea impuesto al resto de los individuos de la sala.

    Por eso hago un llamamiento desde esta plataforma para que aunque la fiesta esté amenizada por un programa musical por demanda vía “Streaming” dejen el protagonismo a su amigo “Pinchadiscos” de siempre, todo el mundo lo agradecerá.

    Consejo, si su grupo de invitados no tiene un estilo de música bien definido como favorito opte por dejar que Spotify elija los temas a escuchar usando su radio y marcándole solo las pautas de “Década” y “Estilos”

     

  3. Mi querido Juan me hacía el otro día una sugerencia. Ya que estás inmerso en el proyecto

    Café del Mal ¿podrías averiguar por qué tu generación está tan obsesionada con

    las "Fotografías"?. Yo agradezco que me pidan que haga uso de esta joven plataforma

    para saciar la curiosidad y fomentar cualquier debate que pueda interesar a nuestros

    lectores.

    Mi reflexión al respecto está muy clara. Hace cuarenta años los jóvenes estaban

    obsesionados con el fútbol (ahora también, pero menos) porque era casi el único

    entretenimiento al alcance de todos, libros aparte. Hoy los niños nacen con un ordenador

    debajo del brazo. Y los que no somos tan jóvenes también tenemos a nuestra disposición

    las nuevas tecnologías. Todo ello unido a la veneración por la imagen que nos venden

    en televisión minuto a minuto y al crecimiento descontrolado y peligroso (bajo mi punto

    de vista) de las redes sociales hacen de la Fotografía un arte al alcance de todos.

    Y sí digo "Arte" porque con una cámara no excesivamente cara y un poco de

    conocimientos del mal afamado "Photoshop" podemos obtener con un par de clics

    resultados increíbles que hace años solo podían obtenerse con grandes conocimientos

    de fotografía. Ahora bien, la imaginación y el talento no vienen de serie con las

    personas y siempre habrá genios de la fotografía como Jorge Rueda o Michael Hanson.

    Está claro que una buena cámara se hace más  buena si quien la maneja tiene

    ganas de contar historias. 

     

  4. Allí estaba, tumbada en la cama, provocando en mi ser un deseo irrefrenable por devorarla de arriba a abajo.

    Ella conocía mi punto débil. Su habilidad por seducirme la hacía poseedora de un poder absoluto sobre mí.

    El calor nos consumía y el sudor mojaba las sábanas a la vez que se mezclaba con los aceites que fluían

    de su cuerpo.

    Su piel grasienta me excitaba. Mi lengua recorría su cuerpo desde la punta de los pies hasta su hermosa

    nuca.

    En un momento de excitación le mordí uno de sus pechos de queso de tetilla y saboreé el trozo arrancado.

    Llegado ese punto era imposible parar. Corrí hacia la cocina y puse a su lado en la cama un cuenco con

    picos y pan. Ella gemía de placer mientras le mordía sus rodillas de queso de cabra. Un olor a queso

    inundaba la habitación. Su sexo de roquefort manchaba las sábanas, y placenteramente yo recogía

    su fruto con trozos de pan. Fue entonces cuando no pude evitarlo y tuve que volver a la cocina a por

    una copa de vino. Ella reía y reía mientras yo disfrutaba devorándola. Incluso me atreví a disfrutar de

    la planta de sus pies de auténtica corteza de queso curado. Cuando me disponía a girar su cuerpo sonó

    el despertador... Eran las seis de la mañana de un Lunes y lo primero que hice fue dirigirme al frigorífico...

     


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